“Amadores de los deleites”
Escrito el 01/08/2026
IGLESIA CENTECRIV
Otro fruto del cristianismo carnal que cabe dentro del tema afectos erróneos es:
“Amadores de los deleites más que de Dios” (2 Timoteo 3:4).
Es una verdadera lástima que el pobre supuesto “cristiano carnal” engañado crea que puede ser salvo, ser hijo de Dios, heredero del cielo, mientras sigue amando los placeres más que a Dios.
“Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21), y si tu tesoro es este mundo y sus placeres, tu corazón no está en paz con Dios, ¡y no producirá frutos con miras a la perfección!
Cuando la semilla, la Palabra de Dios, se siembra entre los espinos, es ahogada por los afanes, las riquezas y los placeres de la vida, y no puede llevar fruto (Lucas 8:14).
PLACERES SENSUALES
Ahora bien, ¿qué clase de placeres son éstos que los hombres aman tanto en lugar de amar a Dios? Son los placeres sensuales y las diversiones vanas. Esto es destacado claramente en el Diccionario Expositivo de las Palabras del Nuevo Testamento por Vine, la Concordancia Exhaustiva de la Biblia por Strong y en la Traducción Amplificada de la Biblia. Siendo así, necesitamos dar una definición de la palabra “sensual” y considerar cómo se usa en la Palabra de Dios.
La palabra sensual significa “carnal, intemperante, mundano, obsceno, sexual, licencioso, glotón, epicúreo, lascivo, inmoral y lascivia descontrolada”. En otras palabras, es todo lo que atrae a la naturaleza caída y satisface su corazón depravado. Es el fruto del evangelio del cristianismo carnal —de los amadores del placer sensual más que de Dios— porque a estos que practican el amor por el placer sensual, y que aman a la carne y las cosas de la carne más que a Dios, les dicen que son salvos porque han hecho una profesión de fe.
Pero el versículo 5 otra vez nos advierte: “a éstos evita”, ¡para no caer en la misma trampa con ellos!
Si practicas y amas los placeres sensuales más de lo que amas a Dios, a pesar de lo que profeses, estás muerto, espiritualmente muerto en vida, y, por lo tanto eres enemigo de Dios y desconoces la gracia y el camino de santidad del Señor.
Porque sin la santidad, “nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).
SANTIAGO 4:1-4
Una de las porciones bíblicas más en tu contra se encuentra en Santiago 4:1-4, donde te llama adúltero y enemigo del Dios vivo, el Dios Santo quien aborrece el pecado. Presta atención a la Palabra de Dios, primero a cada versículo en la versión Reina-Varela y luego en la Versión La Biblia Al Día.
Versículo 1:
“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?” —“¿Por qué hay enemistades y riñas entre ustedes? ¿Será que en el fondo del alma tienen un ejército de malos deseos?”
Versículo 2:
“Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís”. — “Codician lo que no tienen y matan por conseguirlo. Sienten envidia de algo y, si no lo pueden conseguir a las buenas, pelean para obtenerlo. Sin embargo, si no tienen lo que desean es porque no se lo piden a Dios”.
Versículo 3:
“Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. — “Y si lo piden, Dios no les contesta porque es una petición que tiene el propósito incorrecto de satisfacer un ansia de placeres”
Versículo 4:
“!Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”. — “Se están pareciendo ustedes a la esposa que le es infiel al esposo con el peor de sus enemigos. ¿No comprenden que el que establece amistad con los enemigos de Dios —los placeres mundanales— se convierte en enemigo de Dios?”
PREGUNTAS DIFÍCILES
Ahora veremos si somos amadores de los placeres sensuales más que de Dios (adúlteros espirituales), o si somos en verdad hijos de Dios, al contestar las siguientes preguntas:
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¿Nos encanta mirar y alimentarnos de la mayoría de los programas de televisión que apelan sólo a la naturaleza sensual y carnal?
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¿Nos alimentamos de revistas, periódicos y libros que apelan a nuestra naturaleza sensual y carnal?
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¿Deseamos, en lo secreto, hacer estas cosas aunque no las haríamos abiertamente?
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¿Ha llegado el pecado a ser tan común que nos podemos entregar a los placeres de la carne, a la lascivia de la vista y al orgullo de la vida mientras seguimos diciendo: “Mi alma está en paz” y seguimos siendo enemigos de Dios, ajenos al camino de la gracia?
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¿Amamos a Dios y a su justicia y santidad, o nos rebelamos en nuestro corazón contra el camino angosto de la renunciación y una vida apartada del mundo?
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¿Menospreciamos secretamente el camino de la gracia, el camino del arrepentimiento y el camino de la sumisión al señorío de Cristo?
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¿Hacemos nuestra propia voluntad y hacemos lo que queremos sin orar y esperar que Dios nos guíe?
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¿Amamos el camino sexual, profano, lascivo e intemperante del mundo; o amamos a Dios y su santidad, y deseamos agradarle con una vida apartada del mundo?
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo, Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:15-17).
¿A qué se refiere aquí cuando dice “mundo”?
¿Será el reino de la mentalidad carnal, o la mentalidad del sistema impío que es enemistad contra Dios porque no se sujeta a la ley de Dios ni puede hacerlo?
Dondequiera que prevalezca esa mentalidad, se encuentra el mundo. Es “la impiedad y los deseos mundanos” de Tito 2:12. Es cuando la naturaleza humana actúa bajo la influencia de Satanás, el dios de este mundo impío. Su espíritu está en contra de la santidad porque lo domina la ambición carnal, el orgullo, el egoísmo y los deseos e intereses sensuales. Los principios que gobiernan este mundo, los poderes que lo manejan, y el resultado que procura, son todos terrenales, sensuales y satánicos; y no provienen de Dios ni de la santidad.
Las opiniones del mundo son falsas; sus metas, egoístas; sus placeres, pecaminosos; su política, corrupta; sus honores como burbujas de aire que se desvanecen. Y dado que el mundo es donde anida la rebelión contra Dios, el mundo manda a sus seguidores que no lo amen. No lo deben considerar como su herencia o tesoro. Les prohíbe poner sus afectos en él (Colosenses 3:2).
Cuando amamos al mundo y sus placeres, les damos prioridad en nuestra vida, y los tenemos como ídolos, y subordinamos todo lo demás al afán de conseguirlos y disfrutarlos, y despreciamos todo lo que nos impide lograrlos. Es convertir sus vanidades en el objeto de nuestras búsquedas, es compartir sus amistades, procurar sus sonrisas, contemporizar con sus costumbres y hallar nuestra felicidad en lo que nos concede en sus placeres. Cuando uno ama al mundo, éste se enseñorea del alma y la gobierna, venciendo a la conciencia, al principio de la santidad y a la Palabra de Dios. Su influencia es sutil, poderosa y peligrosa. Y lleva a la condenación y al infierno.
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”.
Puedo renunciar a los sistemas mundiales que Satanás gobierna, y seguir amando secretamente ciertos aspectos. No, no es suficiente renunciar al mundo, sino que también debo apartar mis afectos de todo lo que los quiera dominar. No debo estimar ninguna cosa del mundo si me impide cumplir mis obligaciones y mis deberes hacia Dios, o si me disminuye el apetito por su Palabra, o si me enfría el espíritu de alabanza y oración. Las cosas espirituales deben ser mi prioridad. No debo deleitarme en nada que me disminuya el amor a Cristo y las cosas celestiales, porque he de amarle sobre todas las cosas, y debo poner la mira en las cosas de arriba. Puedo usar muchas de las cosas que hay en el mundo, pero no debo abusarme de ellas.
No debo confiar en ellas; ni en ellas buscar mi felicidad. En otras palabras, no debo amar a ninguna cosa más que a Dios, ni igual que a Dios, ni aparte de Dios.
APLICACIÓN
¿Estás viviendo según la carne y produciendo el fruto del falso evangelio del cristianismo carnal, o estás viviendo conforme al Espíritu y dando el fruto del Espíritu el cual es la semejanza de Cristo?
“Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu...
Así que, hermanos, deudores somos, no de la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:5, 6, 12, 13).
AGOSTO